Arte

Dalí, la flacidez del tiempo


La persistencia de la memoria, Salvador Dalí

En un paisaje yermo y extendido, Dalí expresa la obsesión del hombre por el paso del tiempo. Somete las cualidades físicas de los objetos al dominio del inconsciente, y los esparce sobre una planicie desolada. Una sucesión de relojes fundidos sobre distintos objetos en el anochecer de un paisaje dislocado.

Los relojes pierden su carácter mecánico y se convierten en elementos orgánicos. Son figuras que invocan el triunfo de lo pasional sobre lo racional; del deseo sobre la representación perturbadora del tiempo.

Un tronco seco y una mesa sostienen ese tiempo subjetivo. Otro se posa sobre una masa informe, pegajosa, que deja ver una pestaña, un ojo, y una gran nariz. El rostro humano distorsionado que evoca la mortalidad. Sólo las rocas del paisaje trascienden en el tiempo.

El reloj rígido no deja ver la hora. Los relojes flácidos marcan horas diferentes. Sobre uno de los relojes está posada una mosca. Otro está siendo devorado por las hormigas. Las hormigas y las moscas son atraídas por putrefacción de los relojes. La mente por las incógnitas del presente. El tiempo deja de ser absoluto y se transforma en un acontecimiento personal.

En esta escenografía, sólo perdura el paisaje. La memoria es volátil, se derrite en nosotros. Persiste como un acontecimiento perecedero.

©Marcelo Gardinetti

“¿Cómo son los recuerdos? En muchos sentidos, esta pregunta es la fuerza motriz detrás de algunas de las obras más conocidas del arte y la literatura surrealista. Basta pensar en la suave geografía de Salvador Dalí de las piezas de tiempo que gotean, `La persistencia de la memoria’ (1931), para recordar cómo el surrealismo busca dar forma a la naturaleza fluida y discontinua de la memoria: `La playa vacía con su arena fundida es un símbolo de la alienación psíquica total. La hora del reloj aquí ya no es válida, los relojes han comenzado a gotear y derretirse. Incluso el embrión, símbolo de crecimiento y posibilidad secreta, está agotado y cojo. Estos son los residuos de un momento recordado del tiempo’. La breve evaluación de J.G. Ballard de ‘La persistencia de la memoria’ es útil al menos por dos razones: en primer lugar, nos recuerda que las visiones de Dalí de los relojes de fundición formaban parte de las serias investigaciones creativas del surrealismo sobre la Teoría de la Relatividad, la mecánica cuántica y el desarrollo de las teorías del espacio-tiempo en las décadas de 1920 y 1930. En segundo lugar, es un gesto hacia el compromiso sostenido del surrealismo con la neurociencia, que en realidad se remonta a los estudios médicos de André Breton con el eminente neurólogo Joseph Babinski, y sus experiencias de primera mano en el tratamiento de pacientes en centros neuro-psiquiátricos durante la Primera Guerra Mundial. Como Breton escribiría casi medio siglo después, la neurociencia estaba “desde el principio en el corazón del surrealismo”, dando forma a la investigación creativa y crítica (el discurso neurológico aparece repetidamente en el Primer Manifiesto del surrealismo), e informando la respuesta poética a la pregunta que tanto preocupa a la imaginación surrealista: ¿Qué es ser humano?” 1 Jeannette Baxter

Los objetos duros se vuelven inexplicablemente flácidos en este paisaje de ensueño sombrío e infinito, mientras que el metal atrae a las hormigas como la carne podrida. Dominando lo que él llamaba “los trucos paralizantes habituales de engañar la vista”, Dalí pintó con “la furia más imperialista de la precisión”, dijo, pero sólo “para sistematizar la confusión y así ayudar a desacreditar completamente el mundo de la realidad”. Es la clásica ambición surrealista, pero también se incluye alguna realidad literal: los lejanos acantilados dorados son la costa de Cataluña, el hogar de Dalí. Esos relojes laxos son tan suaves como el queso demasiado maduro; de hecho, representan “el camembert del tiempo”, en palabras de Dalí. Aquí el tiempo debe perder todo su significado. La permanencia va con ella: las hormigas, tema común en la obra de Dalí, representan la decadencia, sobre todo cuando atacan un reloj de oro, y parecen grotescamente orgánicas. La monstruosa criatura carnosa que recorre el centro del cuadro es a la vez ajena y familiar: una aproximación del propio rostro de Dalí de perfil, sus largas pestañas parecen inquietantes, inseguras o incluso sexuales, al igual que lo que puede o no ser una lengua que sale de su nariz como un caracol gordo2 MoMA

Referencias:

1 Jeannette Baxter, The Persistence of Surrealism: Memory, Dreams and the Dead en S. Groes (ed.), “Memory in the Twenty-First Century” The Editor(s) (2016), 51

2 Extracto de la publicación de MoMA Highlights: 375 Obras del Museo de Arte Moderno, Nueva York (Nueva York: The Museum of Modern Art, 2019)

Imágen: ©MoMA

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