Este artículo extracta una parte del trabajo de Cristina Terzaghi “Siguiendo las huellas de Siqueiros”, donde analiza La Pescadora de David Alfaro Siqueiros como un laboratorio pictórico en el que el artista traslada los principios de la pintura mural —monumentalidad, dinamismo y compromiso ideológico— al formato de caballete. A partir del concepto de poliangularidad, el texto sostiene que la obra subvierte la perspectiva renacentista tradicional al articular múltiples puntos de vista que incorporan el movimiento y el tiempo como dimensiones activas de la composición. El estudio examina cómo la estructura espacial de la pintura se vincula con la lógica del montaje cinematográfico y con las vanguardias del siglo XX, especialmente en diálogo con la noción del “ojo mecánico”. Asimismo, establece relaciones críticas con antecedentes históricos, como la descentralización compositiva de Tiziano y las exploraciones angulares de Salvador Dalí, para evidenciar cómo Siqueiros radicaliza estas estrategias en clave moderna y política. Finalmente, el artículo propone que la monumentalidad en La Pescadora no reside en su escala física, sino en su construcción conceptual del espacio como materia activa y simbólica. De este modo, la obra se presenta como una síntesis técnica e ideológica que transforma la superficie pictórica en un campo dinámico de tensiones perceptivas, ampliando los límites de la pintura de caballete hacia una experiencia cercana al espacio público monumental.
La poliangularidad y el espacio.
Algo que caracteriza a Siqueiros es su manera de concebir el espacio. Siempre investigo, ensayó, analizó el espacio no como lugar neutro para la construcción de sus ideas visuales, sus retratos o narrativas, sino como parte del movimiento y el tiempo. Fondo y figura se entrelazan en la construcción desde un marco diverso que genera dinámica y tensiones.
Las consideraciones de las diferentes tensiones es lo que genera dinamismo. No se relacionan en el espacio generado de una idea de mímesis y marco escénico sino en el compositivo. Hay una intensión manifiesta de colocar a sus personajes desde el punto de vista de la composición y no de la lógica escénica generada en el marco de la modernidad occidental (perspectiva). Las diagonales que generan tensión y movimiento y las figuras que potencian esa experiencia perceptiva no descansan. Y ese sentido y razón de ser no se apoya en un fondo sin un compromiso. El realizador coloca al espectador en los diferentes puntos de vista. Genera un tiempo y un espacio en una superficie estática y en esa construcción genera tensiones y movimiento que forman parte de una retórica que construye una narrativa y un sentido.
Esa composición está construida desde principios específicos del muralismo como es el concepto de monumentalidad y tiene una concepción espacial que aúna la vanguardia moderna con la materialización del cosmos espacial de los pueblos mesoamericanos, constituyéndose en una experiencia de arte independiente, acorde con el discurso liberador y transformador de la experiencia revolucionaria latinoamericana.
En este caso, la poliangularidad sostiene la monumentalidad de la imagen como concepto y no como tamaño, al estar concebida desde una raíz conceptual, que refiere de occidente la vanguardia materializada en el lenguaje plástico del constructivismo ruso y el cine1 tomando del mundo de la América antigua el espacio como elemento material2.
La poliangularidad y el relato.
Ese espacio concebido y materializado desde el marco conceptual que se sintetiza en la poliangularidad a su vez establece una lógica de relato que permite una construcción de sentido específica generando una experiencia plástica particular identificada con un concepto narrativo más cercano al despliegue del montaje polisémico del cine y de las vanguardias del siglo XX en el arte. Pero a su vez también más cercano al relato mítico de los pueblos originarios de América que a la linealidad causalista, con tendencia al significado unívoco y absoluto del pensamiento occidental, materializado en un arte mimético, figurativo, de una concepción temporal unidimensional, en un espacio homogéneo y neutro.
Aclarados estos conceptos volvamos a posicionarnos en la obra de Siqueiros en argentina para analizar que intenta hacer en la quinta de Botana. Ejercicio plástico es un mural lúdico como lo indica su nombre pero también es didáctico. El mural es la oportunidad de enseñar a sus colaboradores estos criterios constructivos planteados hasta aquí que para nada aparecen en sus obras individuales alrededor del año 1933.

Y no es casual que en esta misma época Siqueiros pinte un cuadro que mantiene estas dos características. La sensación que tuve al ver la pescadora es la misma que me provoca ver ejercicio plástico.
En ambas obras desarrolla este concepto: no hay solo un ángulo de visión, hay tantos como necesite el muralista para construir la monumentalidad de su relato.

Esto no hace más que reafirmar la posición de Siqueiros para definir la diferencia entre pintura mural y pintura de caballete. Dice Siqueiros“…la diferencia entre ambas es inmensa. Puede decirse que son dos profesiones, son dos ciencias, dos técnicas, dos conceptos ópticos…”3
Pero a pesar de la diferencia que hace Siqueiros entre obra mural y obra de caballete no podemos dejar de reconocer que usa también estos conceptos en alguna de sus obras de caballete a diferencia de otros pintores.

Al ver por primera vez “La Pescadora” no he dudado nunca que sea de Siqueiros porque pude ver como maneja en el cuadro la representación del espacio utilizando la poliangularidad. Cada personaje está parado pero cada lugar es diferente, aunque comparten la misma construcción espacial. Cada personaje tiene una característica espacial propia, representado desde arriba, tomado desde abajo y en diferentes escorzos.

Cada una de las decisiones tomadas por Siqueiros no son inocentes o neutrales, es una toma de posición que responde a lo que quiere transmitir con sus imágenes de manera simbólica, sus valores, su concepción, su ideología.
O sea, que estamos en presencia de un juego óptico de distintos puntos de vista del observador del cuadro, de indicadores de espacio que nos refieren al tema de la poliangularidad que Siqueiros plantea en sus murales, obviamente acotado al tamaño de un cuadro.

Siguiendo la lógica de Tizziano que corre del centro del cuadro la imagen de la virgen hacia el costado derecho en contra del canon católico o de Salvador Dali que toma la imagen del Cristo crucificado desde arriba con un concepto ideológico (el hombre por encima de dios), Siqueiros propone la composición con elementos formales no solamente para ser captados por la mirada sino de un modo más dinámico, en el campo de la visión.

El movimiento que genera Siqueiros con la poliangularidad lo podemos percibir y apreciar en La Pescadora pero siempre quedara una intriga que posibilitará que en el futuro cada espectador pueda aportar su propia interpretación al relato que nos propone.
©Cristina Terzaghi con Fernando Arrizurrieta

Notas:
1 “…Soy un ojo. Un ojo mecánico. Yo, la máquina, os muestro un mundo del único modo que puedo verlo. Me libero hoy para siempre de la inmovilidad humana. Estoy en constante movimiento. Me aproximo a los objetos y me alejo de ellos. Repto bajo ellos. Me mantengo a la altura de un caballo que corre. Caigo y me levanto con los cuerpos que caen y se levantan. Esta soy yo, la máquina, que maniobra con movimientos caóticos, que registra un movimiento tras otro en las combinaciones más complejas. Libre de las fronteras del tiempo y del espacio, coordino cualesquiera y todos los puntos del universo, allí donde yo quiera que estén. Mi camino lleva a la creación de una nueva percepción del mundo. Por eso explico de un modo nuevo el mundo desconocido para vosotros…”. DzigaVertov. 1923 en Martínez Quijano Ana.2010. 74. Siqueiros. Muralismo. Cine y Revolución. Bs As. Larriviere. También en página 100 se asocia este nuevo lenguaje con el concepto de “montaje” al cual está asociada la poliangularidad y que también trabaja Walter Benjamin en su libro los Pasajes de París.
2 El proceso artístico del mundo de la América Antigua en el marco de un sistema de pensamiento mítico. Lic. Daniel Sánchez, año 2010, apunte interno de la cátedra de historia del arte II América Antigua de la FBA UNLP. “El mundo de la América Antigua está constituido por el pensamiento mítico. En él las concepciones del espacio y tiempo no tienen una dimensión abstracta, sino que son materializaciones concretas de presencias generadas desde la experiencia. Por tanto, son constitutivas y no actúan como marco escenográfico, neutro, sino como elementos sujetos a experiencias de presencia. Eso puede observarse tanto en los murales de Teotihuacán, Tlalocán, de la cultura Teotihuacana del Valle de México, como en los de Bonampak de la cultura Maya del Petén, especialmente en este último caso como el impactante escorzo de una escena de sacrificio”.
3 Guereña por Guereña, Pág. 66, entrevista a David Alfaro Siqueiros. Guereña por Guereña, Impreso por Biblioteca Popular Agustín Álvarez, Trelew, Chubut. 5 de mayo de 2003.




